León Sierra Páez, M.A.
Antes de entrar en el contenido, quiero nombrar algo del propio dispositivo en el que
estamos. Este coloquio surgió de una agrupación espontánea de analistas de
Hispanoamérica, sin la garantía de una institución que nos diga de antemano qué es lo
verdadero. Y creo que ese gesto ya dice algo: nos juntamos en el intento de ir más allá
de lo subjetivo, sabiendo que el malestar contemporáneo no cabe entero en la clínica.
Quiero partir de una idea que voy a usar como marco lógico de toda la intervención: la
de trabajar el no-todo lacaniano —esa fórmula que Lacan desarrolla en el Seminario
20, Aún— no solo aplicado al vínculo, sino también al propio psicoanálisis. Es decir: no
todo el malestar se deja leer como conflicto psíquico. Hay un resto — condiciones
materiales, violencia política, explotación, neoliberalismo, extractivismo, narco — que
pertenece a otro orden. Ahí el no-todo funciona como un límite al propio discurso
analítico. El psicoanálisis puede dialogar con Marx, puede dialogar con la historia, con
la política, pero renuncia a colonizar todo lo real con interpretaciones clínicas. Y eso no
es debilidad: es humildad teórica. Muchas conversaciones, algunos cruces, ninguna
última palabra.
Con ese marco permítanme partir de una formulación propia: «uno de los malestares
contemporáneos consiste en el debilitamiento de las condiciones culturales que
permiten la simbolización y la sublimación…»
la sublimación debilitada, pero no solo por causas psíquicas
La cultura, dice la cita, ofrece destinos para la pulsión —es casi un eco de lo que Freud
plantea en El malestar en la cultura, donde la sublimación aparece como uno de los
pocos destinos que la civilización habilita para lo pulsional. Pero la contemporaneidad
modifica esas condiciones. Y aquí quiero detenerme, porque es tentador leer ese
debilitamiento como un fenómeno puramente subjetivo, casi generacional — como si
las nuevas generaciones simplemente «simbolizaran menos».
Yo creo que ahí hay una trampa. Ese debilitamiento tiene condiciones materiales: la
precarización del tiempo, la aceleración productiva que no deja espacio para el rodeo,el extractivismo de la atención que las plataformas hacen sobre nosotros todos los
días, y en ciertas regiones de nuestra Hispanoamérica, el narco como economía
paralela que reorganiza el lazo social entero, no solo el lazo individual.
Si leemos esto únicamente como una falla simbólica del sujeto, estamos
psicologizando lo histórico. El psicoanálisis puede describir el efecto — menos rodeo
pulsional, menos sublimación disponible — pero no agota la causa. Y no agotarla no es
una limitación vergonzante: es, otra vez, el no-todo operando.
el goce inmediato y el mercado de la soledad
Cuando disminuyen las posibilidades de simbolización, dice la cita, el goce busca otras
vías, más inmediatas. Y esto se cruza, sin que uno tenga que colonizar al otro, con una
lectura marxista: el consumo y la productividad no son solamente defensas psíquicas
frente a la soledad. Son también ofertas. Un sistema que necesita administrar esa
soledad para seguir vendiéndole soluciones al sujeto — la app que promete conexión,
el coach que promete sentido, el bienestar convertido en mercancía. Byung-Chul Han
lo nombra de otro modo pero apunta a lo mismo: una sociedad que convierte el
cansancio y el vacío en rendimiento, en autoexplotación disfrazada de libertad.
El goce inmediato tiene lógica pulsional y tiene lógica de mercado. Ninguna de las dos
lecturas sobra. Ninguna alcanza sola.
el acto, la exhibición, la cancelación
Y aquí llegamos, creo, al corazón de esta mesa. Sin elaboración simbólica, dice la cita,
el lazo con el otro tiende a resolverse en el acto, en la exhibición o en la cancelación.
Es tentador leer esto solo como el fracaso de la elaboración simbólica individual. Pero
la cancelación, por ejemplo, no es solamente un síntoma clínico, es también un
dispositivo político y cultural con historia propia. Surge, entre otras cosas, de la
impunidad, de la ausencia de otras formas de justicia, de una violencia política que no
encontró cauces institucionales. Algo cercano a lo que Rita Segato describe cuando
piensa la violencia en nuestra región como un lenguaje que se impone donde el Estado
y el lazo comunitario han fallado.
Ahí es donde el psicoanálisis, si se olvida de su propio no-todo, corre el riesgo de
explicar con Edipo lo que en realidad reclama un análisis de poder. Esa es la trampa
que huele: la de una interpretación clínica omnipotente que cierra en una solaexplicación lo que, en realidad, pide varias.
Pero atención, porque esto no significa sacar a la cancelación del análisis clínico y
dejarla exclusivamente del lado de lo político. Igual que la banda de Moebius, la
cancelación puede darse vuelta y mostrar su otra cara: puede terminar siendo, ella
misma, un ejercicio de poder, un goce agresivo disfrazado de justicia, casi un fascismo
nuevo que se legitima en nombre de reparar lo que el Estado no repara. Ahí el
psicoanálisis vuelve a tener algo que decir, no para deslegitimar el reclamo de fondo,
sino para no dejar de mirar lo que en ese acto también hay de goce, de exhibición, de
crueldad que se permite a sí misma porque cree tener la razón histórica de su lado.
El no-todo, entonces, corre en ambas direcciones: ni todo se explica con Edipo, ni todo
se explica con la historia y el poder. Hay que leer la cancelación con las dos lógicas a la
vez, sin que ninguna la agote.
la pregunta ética pero no la nostalgia
Y por eso, frente a este panorama, la pregunta que me interesa no es nostálgica. No es
«¿qué se perdió?». Es: ¿qué dispositivos culturales siguen permitiendo elaborar?
Y creo que esa pregunta solo se puede sostener si aceptamos, al mismo tiempo, tres
formas del no-todo:
El no-todo del saber analítico: el mundo no se reduce a lo que el psicoanálisis puede
leer. El neoliberalismo, las nuevas explotaciones, las nuevas soledades, exceden la
clínica.
El no-todo de la experiencia subjetiva: la soledad no es solo un síntoma a interpretar.
Es también algo que el mercado intenta administrar y volver rentable — y ese resto no
se disuelve interpretándolo.
Y el no-todo como límite del propio dispositivo analítico: el psicoanálisis renuncia a ser
otra promesa totalizante, otra cura que venga a reemplazar las que critica.
cierre
Quiero tomar entonces el no-todo no solo como concepto de la teoría, sino como una
posición ética del psicoanálisis frente al malestar contemporáneo. Y desde ahí vuelvo al
vínculo — no como solución, sino, quizás, como uno de los pocos lugares donde esaincompletud se puede vivir sin transformarse en déficit.
No tengo una última palabra para cerrar, y creo que está bien que así sea. Prefiero
dejarlo como lo que fue este marco desde el principio: muchas conversaciones,
algunos cruces, ninguna última palabra. Y con esa apertura, paso la palabra a la
discusión.
Referencias
Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras completas, Vol. XXI. Amorrortu
Editores.
Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Lacan, J. (1975). El Seminario, Libro 20: Aún (1972-1973). Paidós.
Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.