Psic. Isaac Esaú Torres Muñoz
Doctorante en Psicoanálisis
Psico.isaac.torres@gmail.com
Instagram: @psico_isaactorres
Quiero comenzar con una pregunta que me parece fundamental para empezar a
pensar el tema del psicoanálisis frente a las adicciones: ¿Cuál es la relación que el
sujeto tiene con determinado objeto?. Ya que las adicciones no están ligadas
exclusivamente al consumo de sustancias psicoactivas, porque sabemos que hay
adicción a la comida, a las apuestas, a los tatuajes y perforaciones, a las cirugías
plásticas, a las compras compulsivas, a la pornografia, a mentir sin motivo aparente,
a robar cosas que no se necesitan realmente, adicciones a la tecnología que existen
más que nunca hoy en día.
Es decir, hay algo repetitivo en las adicciones y para mi eso es lo que les caracteriza
de mejor forma, lo compulsivo de la repetición, y a su vez, hay algunas adicciones
que si están vinculadas al consumo de sustancias psicoactivas, pero que no
siempre hacen referencia o remiten solamente drogas legales o ilegales, sino que
encontramos dentro de este campo al exceso de azúcares, de cafeína o de
medicamentos, que también entran aquí. Esto lo comento solo para ir ampliando el
espectro sobre cómo y desde donde podemos pensar las adicciones más allá de las
drogas.
En el texto Las toxicomanías y el gozo, de Moreira (2018) ubicamos una frase
que podemos tomar como punto de partida: “Jacques Lacan nos prodiga una
concepción singular de las toxicomanías: (es decir, una forma de pensarlas desde la
subjetividad, y no desde la generalidad) no se trata de una estructura, ni tampoco de
un síntoma; más bien implica un acto que sustituye a la palabra” (p. 12).
Comúnmente se asocia el tema de las adicciones, al acto que se produce cuando la
palabra no logra pronunciarse, y basándonos en esta hipótesis, podríamos
preguntarnos ¿qué pasa cuando la simbolización no alcanza?. Aparecen vías de
descarga pulsional, reguladores precarios de angustia, pasajes al acto, modos de
pertenencia o reconocimiento a nivel de lo social, particularmente en la adolescencia
por ejemplo.
Esto por un lado, pero también existen casos en los que otra posibilidad de la
función del objeto de la adicción es posible. Estos son casos donde, alguna adicción
es precisamente un punto de anclaje para sujetos que presentan signos de psicosis
ordinaria, que es como Jacques Allain Miller en la Convención de Antibes de
(1998) llama a las psicosis que no se manifiestan con delirios o alucinaciones
evidentes, sino que se manifiestan con signos más sutiles. Es decir, dentro de esta
noción, que no es una clasificación, encontramos a personas que se manejan en lavida sin dificultades de este tipo, pero que presentan signos de extravagancias
leves, alteraciones del lenguaje, fenómenos corporales, angustias atípicas.
Ya que, por paradójico que suene, el consumo de alguna sustancia puede hacer de
sostén, de tratamiento posible, de tabla de salvación, aunque no sea el mejor
recurso o lo que está dentro del plano del ideal de salud mental. Esto, para evitar un
desencadenamiento delirante, y por eso es importante indagar ¿Qué función cumple
la adicción a alguna sustancia en cada caso? antes de intervenir para quitarla de
tajo. Esto al menos desde el psicoanálisis, ya que bajo tratamientos de otro tipo, los
cuales son muy validos tambien ya que no a todos nos sirven la mismas cosas, a
veces no se hace esta pregunta, y en este escenario se corre el riesgo de quitarle al
sujeto pre psicótico, el único objeto con el cual lograba sostenerse medianamente
en el mundo, dejandole ahora la necesidad de sostenerse a través del delirio y la
alucinación.
No siempre el consumo de alguna sustancia es el problema en sí, sino la forma
singular de solución que encuentra un sujeto frente a alguna dificultad, que por
algún motivo inconsciente, que en un análisis podría desentrañarse, no puede
resolver de otra forma. En estos casos, al quitarles el consumo sin indagar a fondo,
les estamos quitando a su vez, la solución, y esto puede ser contraproducente, y por
eso en la clínica con pacientes que sufren de este tipo de malestares, debemos
tener en cuenta esto.
En el texto Psicoanálisis y toxicomanías: vigencias de un desencuentro, de
Azcona (2013) texto pronunciado en el Congreso Mundial de Salud Mental, de la
Asociación Argentina de Salud Mental encontramos lo siguiente: “El tóxico vino a
ocupar un lugar de soporte para aquel acontecimiento imposible de tolerar: la
muerte de la madre” (p. 6). Por ejemplo, y esto también vale para una ruptura
amorosa, la pérdida de un trabajo, es decir, hay algo vinculado a la dificultad de
hacer tapón al agujero que el duelo nos procura en el psiquismo, cuando este
sucede.
Esto nos puede hacer pensar, que desde el psicoanálisis, el duelo y las adicciones
se relacionan estrechamente, porque el consumo de sustancias puede funcionar
como una defensa frente a una pérdida imposible de elaborar: cuando el sujeto no
logra simbolizar la ausencia del objeto amado, el tóxico aparece como sustituto,
soporte o “tapón” frente al vacío. Es decir ¿si le quitas al sujeto que consume, su
defensa frente a la pérdida, en que lugar lo dejas? En el lugar del desamparo.
También hay una suerte de identificación, pensando que, el consumo se vincula con
fallas en las identificaciones constitutivas del sujeto: osea que cuando el duelo no
logra inscribirse en lo imaginario, en la imagen psíquica que el sujeto tiene de sí a
nivel interno, recurre al tóxico como modo de sostenerse. Esto explica por qué
ciertas adicciones se relacionan con fracturas en la identidad, como en la
adolescencia por ejemplo, donde las personas adolescentes y jovenes estanconstruyendo una identidad, o por ejemplo, esto explica también, porque las
personas que inician procesos migratorios o de desplazamiento forzado, aumentan
su consumo durante estos procesos, ya que la migración también es una forma de
fractura momentánea de la identidad, hasta que se logra concretar de nuevo una
imagen re editada de lo que el sujeto es cuando llega a su país de origen o destino.
Y hay otro escenario, retomando el tema de las psicosis, en donde las
sustancias pueden precipitar un desencadenamiento:
Pensemos en un paciente con vulnerabilidad psíquica, que consume cocaína en un
contexto de estrés:
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Antes del consumo: tenía ideas de referencia vagas (“me miran demasiado
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en la calle”).
Después del consumo: esas ideas se convierten en certeza delirante (“los
vecinos me vigilan con cámaras, quieren atraparme”).
Es decir, aquí el consumo no “creó” la psicosis, pero precipitó el pasaje de la duda a
la certeza delirante, acelerando el desencadenamiento. En otras palabras, el
psicoanálisis entiende el consumo de sustancias como un catalizador: debilita las
defensas y precipita el delirio, pero la raíz está en la estructura del sujeto y en su
relación con el Otro y con el lenguaje.
Aquí nos toca, como psicoanalistas, leer la función singular que cumple la relación
que tiene el sujeto del inconsciente con el objeto de la adicción en cada caso. Esto,
por fuera de la lente moralista y prejuiciosa con la que comúnmente las personas
con adicciones son miradas, ya que esta perspectiva en un tratamiento puede
generar muchas resistencias en algunos pacientes, como lo veremos más adelante.
Existen también pruebas, que buscan objetivar las historias y experiencias de las
personas, que aunque consuman la misma sustancia con la misma frecuencia y en
la misma cantidad, llegaron a ese nivel de consumo por diferentes vías. La Prueba
de Detección de Consumo de Alcohol, tabaco y sustancias (ASSIST) de la
Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud,
tiene una serie de preguntas enfocadas a identificar el nivel de gravedad en la salud
de una persona. a partir de la cantidad y frecuencia de consumo de alguna
sustancia, lo cual es importante, ya que son cosas que como psicoanalistas
tenemos que preguntar y querer saberlas, pero no tendríamos que quedarnos
únicamente con preguntar: ¿que consumes y cuantas veces a la semana o al mes?
En función de esa información, se presume dar recomendaciones sobre qué tipo de
intervención sería la más adecuada dependiendo de si la severidad es leve
moderada o grave, es decir, consejería breve enfocada al tema de consumo de
sustancias, psicoterapia y tratamiento psicofarmacológico después de valorar más a
detalle, o internación temporal.Pero en este instrumento dejan de lado las preguntas que desde el psicoanálisis
podríamos hacer:
¿En qué momento se consume la sustancia, por la mañana tarde o noche? ¿Se
consume cuando hay felicidad, tristeza, enojo o discusiones con alguien en
particular? ¿Se consume a solas o acompañado? ¿El consumo se realiza en un
contexto seguro o en lugares donde se pone la propia vida en riesgo, como en la
calle, o en picaderos de heroína? Por ejemplo ¿para que se consume o que es lo
que se busca obtener con el consumo más allá de la satisfacción momentánea? ¿El
inicio del consumo fue iniciativa propia o alguien más le invitó a consumir en algún
momento? ¿En qué momento de la vida se encontraba cuando comenzó a
consumir?
Es decir, todas estas preguntas son intentos de ir construyendo un espacio que
permita darle palabras a eso que no se ha podido decir, y que se intenta acallar a
través del acto del consumo.
Y en este sentido, Sandra Torossian (2007) en su artículo Clinica psicoanalitica
de las toxicomanías propone que las toxicomanías deben ser pensadas como
síntomas sociales inscritos en el discurso dominante de la época, que empujan al
consumo desmedido y sin regulación de todo lo que esté a nuestro alcance:
“No es necesario que un gran número de individuos sea alcanzado por
algo para que eso se transforme en un síntoma social… se puede hablar
de síntoma social a partir del momento en que la toxicomanía está de
cierta manera inscrita en las entrelíneas, de forma no explícita, no
articulada, en el discurso dominante de una sociedad en una época
dada” (Djambolakdjian Torossian, 2007, p. 162).
Estamos hablando del capitalismo por supuesto, que a su vez, dificulta las formas
de hacer lazos con el Otro, porque este discurso produce y perpetúa las condiciones
estructurales de vida para que esto sea así. Por eso es que vemos centros de
rehabilitación que lo último que hacen es rehabilitar, ya que en el mundo en el que
vivimos existen grupos de personas a las que no les conviene que la gente sea
rehabilitada, sino están en condiciones de producir y consumir algo que esté por
fuera de su propia satisfacción, como en el caso de las adicciones y las personas
con consumos problemáticos en situación de calle y alta vulnerabilidad.
Además, muchos de estos centros se centran en una lógica de abstinencia, sin dar
cabida a la escucha, lo que deja intacta la causa del consumo, sin atenderse y es
por ello que las recaídas son frecuentes al salir de estos espacios, además de que
muchas veces no cuentan con especialistas, sino que basan sus tratamientos en la
disciplina y la obediencia, reforzando y culpa con la que muchas personas llegan a
estos lugares, comúnmente enviados por sus familias, por lo que no hay demanda
de análisis ni posibilidad de hacerse preguntas sobre su sufrimiento.Esto nos invita a desplazar la mirada del objeto-droga hacia el sujeto y su
inscripción en el lazo social. En el texto La droga como objeto de desinserción
social, de Conca (2009) encontramos lo siguiente: “El objeto droga ha sido lo que
ha conducido a algunas personas la desinserción que sufren, ya que el motivo de la
demanda de tratamiento se produce tras una ruptura con sus vínculos familiares,
sociales y laborales”. (p. 3)
Entonces, tenemos que la droga no es en sí misma un tóxico; se vuelve tóxica
cuando ocupa un lugar en el psiquismo que suprime la alteridad, la capacidad del
reconocimiento del otro, y la posibilidad de significación.
Por otro lado, Michel Fariña junto a otros y otras (2021) en su texto La ruptura
del lazo social al Otro en las toxicomanías: Reflexiones éticas sobre la
posición del analista, subrayan que, aunque la adicción suele describirse como
una ruptura del lazo al Otro, en la práctica clínica los pacientes sí acuden a consulta,
lo que obliga a repensar la posición del analista, ya que ¿que puede hacer un
proceso analitico individual por un sujeto que está frente a cuestiones vinculadas a
la desigualdad social y siendo orillado constantemente a la desconexión con las
personas en el mundo? es decir ¿cómo tratar con lo colectivo desde lo individual e
íntimo de un análisis? Algunos podrían decir que sería como darle palmadas en la
espalda a alguien que luego regresa a postrarse frente al látigo de la realidad al salir
del consultorio.
Esto abre un punto crucial: el analista no tendría que situarse desde la moralización,
de nueva cuenta, ni desde la pura denuncia o prohibición del consumo, sino desde
la escucha de cómo el sujeto organiza su relación con el objeto y con el Otro. En el
caso clínico de Fénix, presentado por la autora Torossian (2007) se habla de un
escenario donde la droga aparece como un objeto que sostiene al sujeto frente a la
amenaza de desaparición subjetiva:
“Tenía dos opciones, o aspiraba o se mataba. La cocaína fue entonces,
en aquel momento, su tabla de salvación, de la que trató de agarrarse
para no desaparecer en la corriente” (Djambolakdjian Torossian, 2007, p.
166).
Este ejemplo muestra cómo el objeto droga, cuando las adicciones son de este tipo,
puede funcionar como suplencia allí donde falla la significación, y cómo el analista
se convierte en acompañante de un trayecto donde lo que está en juego no es la
sustancia en sí, o sí retirarla o no, sino la posibilidad de re inscribir la experiencia en
el campo del lenguaje, pasar del acto a la palabra.
Finalmente, la autora Fariña (2021) nos recuerdan que el consumo puede sustituir
el lazo social, pero también constituir un modo particular de lazo:“El consumo sustituye al lazo social en tanto lo que se busca no es un
encuentro sino simplemente una satisfacción… se trataría de una
dimensión autista del goce” (Paragis & Michel Fariña, 2021, p. 88).
De ahí que el desafío ético para el psicoanálisis y para los psicoanalistas frente a las
adicciones, sea, entre otros tantos desafíos, el de sostener la transferencia como
espacio donde el sujeto pueda pasar de la pura satisfacción autista a la posibilidad
de un lazo, aunque sea mínimo, con el Otro, pero ese lazo por mínimo que parezca,
es mucho para quienes no cuentan con familiares, redes de apoyo o recursos
materiales y económicos para hacer frente a este tipo de situaciones.
Estos son los posibles efectos de un análisis, aun cuando esta problemática le
corresponde al Estado solucionarla, y aun cuando están muchas cosas en contra.
En mi experiencia personal, he trabajado con personas a las que se le ha obligado a
modo de tortura a consumir drogas y sustancias psicoactivas sinteticas muy fuertes,
obligados tambien a estar cerca de laboratorios de produccion de estas sustancias,
y obligandoles a realizar actos criminales en contra de su propia voluntad, a
condicion de no quitarles la vida.
Este sería un cuarto escenario en el que, las adicciones se producen a partir de un
largo periodo de tiempo frente a la exposición a estas drogas, porque algo del
químico de la sustancia toca el cuerpo, que no podemos dejar de lado en el trabajo
con este tipo de pacientes.
El recorrido nos muestra que las adicciones no pueden reducirse a un objeto ni a
una sustancia, sino que implican la manera singular en que cada sujeto organiza su
relación con el goce, con el Otro y con el lazo social. El psicoanálisis, lejos de
moralizar, invita a escuchar qué función cumple ese objeto en cada caso: sostén,
suplencia, catalizador o ruptura. En este sentido, el desafío ético no es simplemente
erradicar el consumo, sino abrir un espacio donde la palabra pueda inscribirse y
donde el sujeto encuentre otra vía para tramitar su experiencia.
Hay pacientes que consumen porque no soportan la realidad tan aplastante cuando
sus contextos son de vulnerabilidad extrema, hay quienes lo hacen para mitigar el
dolor físico y psíquico, y hay quienes lo hacen para darle respuesta a lo que no
entienden o no terminan de procesar, o están quienes se construyen una identidad
alrededor del consumo.
Recuerdo el caso de una persona centroamericana de entre 30 y 35 años de edad,
que decía que el personal de la institución donde se alojaba quería matarlo, decía
que le ponian droga a su comida y al agua, y le ponian droga en el ano y las orejas,
y decía que nadie le creía. En una ocasión yo le dije ‘’Te creo, y creo que sería
importante una consulta médica también’’. Él aceptó, pero quienes se encargaron de
hacer el traslado a la clínica más cercana, se volvieron en sus secuestradores bajosu percepción, es decir, pasaron de ofrecer cuidados a ser los agentes
persecutorios, al comentar que ‘’no le creían del todo a su historia’’ lo que hizo que
el paciente saltara del vehículo en movimiento, encontrando a sus agresores por la
calle, en cada persona con bata blanca, filipina o pijama quirúrgica que veía al
caminar. Es decir, asociaba al personal de salud con su agente persecutorio.
Se intentó dar seguimiento, pero el paciente dejó el tratamiento, diciendo que no
estaba seguro en ningún lugar. Lo cual es común, ya que existen dificultades en
estos casos que tienen que ver con una cuestión muy autorreferencial, vinculada en
algunos a la paranoia, y en otros, al gran narcisismo que se produce cuando haces
de ti mismo tu propio objeto de satisfacción a nivel pulsional, y es por ello que en
muchos casos los niveles de adherencia al tratamiento son bajos en estos casos.
Sylvia Le Poulichet (1987) en su libro Toxicomanías y psicoanálisis – La
narcosis del deseo, plantea que una persona consulta cuando el consumo deja de
ser suficiente para sostener su subjetividad y aparece un “intolerable” que no puede
ser tramitado simbólicamente, o en otras palabras, cuando se toca fondo, y a veces
esto es bueno porque es una posible vía de entrada a un análisis.
No se le puede obligar a nadie a comenzar un tratamiento psicoterapéutico, analitico
o psiquiatrico, pero lo que en algunos casos puede servir, es escuchar más allá de
los prejuicios, a sabiendas de que no existen garantías ni recetas o protocolos que
aseguren que un análisis pueda iniciarse, mucho menos que vaya a hacer efecto si
la persona que consulta no lo hace por su propia cuenta, o solo busca que le
solucionen la vida sin la intención de implicarse en lo que le sucede.
Queda entonces la tarea de seguir pensando:
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¿Qué lugar ocupa la adicción en la economía psíquica de cada sujeto?
¿Cómo se articula el consumo con los duelos, las pérdidas y las fracturas del
lazo social en cada caso?
¿De qué manera el discurso capitalista moldea las formas contemporáneas
de goce y empuja hacia la repetición compulsiva?
¿Qué puede ofrecer el psicoanálisis, desde la transferencia, para transformar
un acto silencioso en palabra compartida?
Muchas gracias por su escucha.Referencias
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Azcona, M., & Lardizábal, M. (2013). Psicoanálisis y toxicomanías: vigencia
de un desencuentro. Congreso Mundial de Salud Mental, Asociación
Argentina de Salud Mental. Recuperado de: (PDF) Psicoanálisis y
toxicomanías: vigencia de un desencuentro
Conca, C. (2009). El objeto-droga: ¿objeto de desinserción? Pharmakon, 11.
Djambolakdjian Torossian, S. (2007). Clínica psicoanalítica de las
toxicomanías. Desde el Jardín de Freud, (7), 161-174. Recuperado de: (PDF)
Clínica psicoanalítica de las toxicomanías
Le Poulichet, S. (2004). Toxicomanías y psicoanálisis: Las narcosis del
deseo. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Miller, J.-A. (1998, mayo). Convención de Antibes [Conferencia]. Asociación
Mundial de Psicoanálisis, Antibes, Francia.
Moreira, D. (2018). Las toxicomanías y el gozo. Revista Científica de la
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Organización Mundial de la Salud. (2010). La prueba de detección de
consumo de alcohol, tabaco y sustancias (ASSIST): Manual para uso en la
atención primaria. Ginebra: OMS. Recuperada de: La prueba de detección de
consumo de alcohol, tabaco y sustancias (ASSIST): Manual para uso en la
atención primaria – OPS/OMS | Organización Panamericana de la Salud
Paragis, P., & Michel Fariña, J. J. (2021). La ruptura del lazo al Otro en las
toxicomanías: Reflexiones éticas sobre la posición del analista. Revista
Universitaria de Psicoanálisis, (21), 87-95. Recuperado de: (PDF) La ruptura
del lazo al Otro en las toxicomanías: Reflexiones éticas sobre la posición del
analista