Isaac Esaú Torres Muñoz
Doctorante en Psicoanálisis
Ciudad de México, México.
psico.isaac.torres@gmail.com
En psicoanálisis, cuando hablamos de “nuevas formas de sufrimiento” no nos referimos a que el dolor humano sea nuevo en sí mismo, sino a que las condiciones históricas y sociales actuales producen modos singulares de padecimiento que interpelan la clínica. En el contexto mexicano y Latinoamericano, marcado por la migración y el desplazamiento forzado, la desaparición, las madres y familias buscadoras y la violencia estructural y tortura extrema, podemos ubicar varias coordenadas:
Pero quisiera comenzar hablando sobre el fenómeno del Hikikomori, que significa reclusión o aislamiento. Es un fenómeno que se da principalmente en Japón, particularmente en jóvenes que aspiran a entrar a la universidad, pero que cuando no lo logran, el efecto es que se aíslan en sus cuartos por la vergüenza que le provocan a su familia y a su comunidad por el alto nivel de exigencia académica y profesional que existe en su cultura. Las personas que sufren de esto, sin el afán de patologizar, dejan de comer, de convivir con otras personas, de bañarse, y algunos terminan suicidándose dentro de sus propios cuartos en sus propias casas.
¿Será que en nuestros tiempos actuales existe una desconexión tan fuerte con el otro, derivada de una exigencia social muy alta de ‘’ser exitoso’’ y ‘’ser feliz’’ todo el tiempo, que a lo que nos empuja constantemente el capitalismo es a libidinizar objetos de consumo, en vez de permitirnos libidinizar al otro y a nuestros vínculos, y esto imposibilita el construir nuevos lazos que produzcan otras formas más tolerables de sufrimiento?
Cómo habitar la angustia de forma colectiva o elaborar un duelo. Aquí es importante diferenciar entre habitar la angustia o el duelo de forma colectiva y procesar de la misma forma la angustia o el duelo a nivel singular y subjetivo. A veces un duelo se tiene que elaborar mientras vamos en el tráfico hacia el trabajo, o mientras hacemos horas extra por ejemplo, o mientras estamos entre una clase y otra. Es decir, los tiempos que corren no son tiempos que permitan hacer pausas, y ahí es donde creo que un análisis puede tener un efecto pacificador bastante importante para la vida de alguien que sufre y que desea saber ¿por qué? Aun cuando a veces esta pregunta sobre el porqué del malestar, surge después de algunas sesiones de entrevistas preliminares, en el mejor de los casos.
También es importante señalar que el análisis podría ser necesario para algunas personas, pero no es suficiente, ya que ¿cómo trabajamos a nivel individual con elementos que de forma estructural producen formas de sufrimiento en la cultura contemporánea?
En este punto,Sidi Askofaré (2015) en su texto Figuras contemporáneas del discurso: síntoma, superyó y lazo social, nos recuerda que las formas contemporáneas del síntoma no pueden desligarse del discurso capitalista:
“Este discurso no comporta una barrera al goce; dicho de otra manera, está completamente estructurado y ordenado alrededor de una forclusión de la castración” (Askofaré, 2015, p. 119).
Esto significa que el sujeto contemporáneo ya no se enfrenta a un límite simbólico que regule su goce, sino a un mandato superyoico que lo empuja a consumir y a gozar sin restricción:
“El superyó es el imperativo del goce, ¡Goza!” (Askofaré, 2015, p. 120).
La soledad del Hikikomori puede leerse entonces, como una respuesta radical a este imperativo: retirarse del lazo social, no para encontrar un límite, sino para escapar de un exceso de exigencia que no admite fallas. Es decir, estamos siendo empujados todo el tiempo al desborde y al límite.
Por otro lado, el Observatorio sobre las modalidades del morir en el siglo XXI, escrito por Villarroel Gonzales, junto a otras colegas, muestran cómo el rechazo del saber y la imposibilidad de inscribir la pérdida se manifiestan en adolescentes y jóvenes que recurren al aislamiento, la autolesión o el consumo problemático de sustancias, recordando que en Argentina por ejemplo, el tema del suicidio es la principal causa de muerte actualmente, mas que por homicidios, segun el Ministerio de Salud de la Nación Argentina (2026). Es decir, algo está pasando en este momento y por eso es fundamental estar reunidos aquí para hablar al respecto.En una viñeta clínica del Observatorio, se narra la frase de una niña de 11 años que dice:
“Quisiera saber quién soy… sin tener que agradar a nadie” (Villaroel, González, Pena, & Pires, 2024, p. 3).
Es decir; se quien soy en función de que tanto le agradó al otro, porque si no, no soy, y pareciera un borramiento de la subjetividad y del sujeto del inconsciente. Este testimonio revela la dificultad de sostener un lugar en el deseo del Otro cuando la demanda social se vuelve invasiva. Entonces, en el aislamiento, como en el Hikikomori, aparece como una salida frente a la imposibilidad de elaborar un duelo o de construir un borde simbólico.
La soledad del goce autista caracteriza a nuestra época, y aquí hay una distinción entre soledad y desamparo que me parece importante señalar:
“En la soledad se pueden hacer lazos, se pueden buscar salidas; en cambio, cuando el desamparo es radical conlleva un monto de angustia difícil de enmarcar” (Villaroel et al., 2024, p. 15).
Es importante precisar aquí, que la soledad permite otras vías de resolución subjetiva, y el desamparo vulnera e inhabilita, provocando inhibiciones en muchos sentidos. Así, el aislamiento extremo no es simplemente un retiro del cuerpo físico del espacio, sino un signo de desamparo cuando el sujeto queda excluido del Otro y sin posibilidad de construir un lazo. Aquí es interesante pensar clínicamente el tema del aislamiento, ya que muchas veces en el trabajo con niñas, niños, adolescentes y con algunas personas con síntomas depresivos, se les atribuye un signo o síntoma que hay que tomar en cuenta como señal de alarma cuando existe tendencia al aislamiento, y sería importante leer esto desde un lugar distinto, porque no es precisamente así, como estamos viendo. Porque una cosa es aislarse momentáneamente para hacer pausa y buscar soluciones, y otra es aislarse perdiendo cierto grado de la funcionalidad que nos permite vivir.
No es casualidad la siguiente estadística brindada por parte del Observatorio:
En una aproximación general al problema del suicidio en América Latina encontramos que en México, Venezuela y Bolivia se considera como un tema de la agenda pública. En 2023 en Venezuela hubo 2,358 suicidios, 8,2 por cada 100 mil habitantes; hay más suicidios de hombres (82%) que de mujeres. La mayoría se concentra en el rango de 15 a 29 años y, en segundo lugar, de 45 a 59 años. En ese mismo año en México hubo 8,837 suicidios, 6,8 por cada 100 mil personas e igualmente la mayoría de estas muertes son de hombres (81.1 %). El suicidio en mujeres predomina en el rango de 10 a 14 años y va disminuyendo a partir de los 19. Desde 2017 a la actualidad, se registró un incremento del 20% de defunciones por suicidio. En Bolivia la estadística oficial sobre el suicidio está desactualizada. Entre 2008 y 2013 se registraron 3.495 suicidios; lo que equivale a dos casos por día. La mortalidad por suicidio afecta principalmente al sexo masculino y al grupo de edad de 20 a 39 años.
Ahora; Si estando dentro de nuestro mismo país, ciudad o comunidad sucede esto ¿que tanto aumenta el riesgo de incidentes de este tipo en personas que se encuentran migrando o en una situación de movilidad y vulnerabilidad extrema? Esto lo menciono, porque a pesar de los cambios tan abruptos en las políticas migratorias actuales, sigue siendo un tema de vigencia que es necesario abordar.
También está el tema de la desaparición forzada en México, donde la dificultad de procesar un duelo, de nueva cuenta, se complejizan aún más, y este proceso se puede llegar a extender y asu vez se extiende el tiempo de sufrimiento, cuando no se tiene un cuerpo que produzca, al menos la sensación de cierto grado de certeza frente a lo que le sucedió a las personas que fueron borradas de la faz de la tierra.
Estos sufrimientos escapan completamente a algo que se pueda prevenir, como a veces los programas de salud mental buscan, porque las políticas de algunos países son de expulsión y apartheid, y están diseñadas para provocar estos sufrimientos, como lo vemos actualmente en Oriente medio, África y América Latina, y cuando lo último que le importa a las personas que dirigen las naciones, son las personas que habitan en ellas.
Para concluir, pensemos en las dimensiones del sufrimiento contemporáneo hoy:
Trauma colectivo y transmisión intergeneracional
- La desaparición forzada y la violencia dejan huellas que no se limitan al individuo: se inscriben en familias y comunidades, generando duelos imposibles y silencios transmitidos como marcas psíquicas.
Duelo suspendido
- La ausencia de un cuerpo, de rituales y de la certeza producen en conjunto un duelo que no puede cerrarse. En psicoanálisis, esto se traduce en un sufrimiento que se mantiene en estado de espera, con síntomas de repetición, angustia flotante y fijación al acontecimiento.
Desarraigo y pérdida del lugar simbólico
- La migración forzada implica la ruptura de redes de sostén, lengua, territorio y pertenencia. El sujeto se enfrenta a una deslocalización que afecta la inscripción del deseo y la construcción de identidad.
Violencia como real irrepresentable
- La exposición cotidiana a la violencia extrema (genocidios, feminicidios, desapariciones) confronta al sujeto con un exceso que no encuentra palabras. Esto genera fenómenos de disociación, anestesia afectiva y acting out.
Precariedad y exclusión
- La inseguridad económica y social se traduce en nuevas formas de angustia ligadas a la sobrevivencia, donde el sujeto queda atrapado en la urgencia de resolver en el día a día lo que va sucediendo, y pierde acceso a la dimensión del deseo. Es decir, vivimos al día con el sufrimiento, a veces sin muchas posibilidades de pausa.
En la clínica psicoanalítica, estas formas de sufrimiento se manifiestan en:
- Síntomas contemporáneos: ataques de pánico, insomnio, consumo compulsivo, retraimiento social.
- Transferencias marcadas por la desconfianza: el analista es puesto a prueba como figura que puede desaparecer o traicionar (Ejemplo de familia venezolana)
- Discursos atravesados por lo político: el síntoma no se entiende sin el contexto de violencia estructural y estatal.
Pienso, frente a alguien que se formule la pregunta: ¿El psicoanálisis tiene algo que hacer o que decir al respecto de todo esto?
Yo pienso que sí, y mucho, porque cuando pensamos más allá de las fronteras del consultorio, curiosamente podemos ubicar cosas que siempre estuvieron ahí, pero de las cuales nunca nos percatamos, y pareciera que esa es una de las funciones de las fronteras: Poner límite a la visión global sobre lo que sucede en el mundo, sobre las formas en las que sufrimos en el mundo.
Referencias
- Askofaré, S. (2015). Figuras contemporáneas del discurso: síntoma, superyó y lazo social. Desde el Jardín de Freud, (15), 115-121. (PDF) Figuras contemporáneas del discurso: síntoma, superyó y lazo social
- Ministerio de Seguridad de la Nación Argentina. (2026, junio 2). Menos homicidios: más suicidios: el dato que sobresale del nuevo mapa criminal elaborado por el Ministerio de Seguridad. Quórum Noticias. Recuperado de: Menos homicidios, más suicidios: el dato que sobresale del nuevo mapa criminal elaborado por el Ministerio de Seguridad | Quorum
- Villaroel, G., González, C., Pena, P., & Pires, G. (2024). Observatorio: Modalidades del morir en el siglo XXI. Antena 2.